La Presidenta Claudia Sheinbaum de gira por Baja California
Desde enero, la Presidenta ha convertido la defensa de la soberanía en una constante de su discurso sobre Estados Unidos. En La Paz volvió a resumirla en tres negativas: “la injerencia no, la subordinación tampoco, el entreguismo menos”.
Claudia Sheinbaum viajó a Baja California Sur para hablar de programas sociales, maestros, autobuses, hospitales y vivienda. Pero antes de terminar volvió a una palabra que lleva meses colocando en el centro de su discurso político: soberanía.
“Puede haber problemas, pero siempre los solucionamos entre mexicanos”, dijo este domingo en La Paz. Después construyó una frase destinada a quedarse: “la injerencia no, la subordinación tampoco, el entreguismo menos”.
No es una aparición aislada.
Durante 2026, mientras la relación con el gobierno de Donald Trump ha colocado sobre la mesa seguridad, narcotráfico, extradiciones, comercio y cooperación militar, Sheinbaum ha repetido una fórmula para explicar hasta dónde está dispuesta a colaborar con Estados Unidos.
Son cuatro principios: respeto a la soberanía y la integridad territorial; responsabilidad compartida y diferenciada; respeto y confianza mutua; y cooperación sin subordinación.
Los mencionó en enero al hablar de la relación con Trump. Volvió sobre ellos en febrero y marzo. En abril resumió su posición diciendo que la soberanía “no se negocia”. En mayo sostuvo que México y Estados Unidos deben hablarse como iguales. Y en agosto volvió a colocarlos como condición de cualquier acuerdo adicional en materia de seguridad.
La palabra ha ido apareciendo además cuando existe una controversia concreta.
Sheinbaum la utilizó frente a colaboraciones de autoridades estadounidenses con gobiernos estatales mexicanos, ante operaciones relacionadas con narcotraficantes, al hablar de las nuevas atribuciones militares estadounidenses en América Latina y frente a diferencias comerciales con Washington.
El discurso permite una distinción importante: la Presidenta no plantea romper la cooperación con Estados Unidos. Por el contrario, su gobierno mantiene coordinación en seguridad, inteligencia, comercio y diplomacia. Lo que sostiene es que esa relación debe tener una frontera: las autoridades estadounidenses no pueden realizar en México aquello que corresponde al Estado mexicano.
Por eso “soberanía” empieza a funcionar en el lenguaje presidencial como algo más que una palabra reservada para septiembre.
Es la respuesta que Sheinbaum ha elegido repetir cada vez que necesita explicar dónde termina la cooperación con Estados Unidos y dónde, según su gobierno, comienza la subordinación.
Y este domingo, en pleno mes de la Independencia, volvió a dibujar esa raya.

