Olinia comienza a dejar atrás el prototipo para convertirse en producto. Su fabricación puede repartir piezas entre distintas plantas antes de reunirlas en Puebla para completar el vehículo.
Durante más de un siglo imaginamos una fábrica de automóviles como un edificio gigantesco donde entra metal por una puerta y salen coches completos por la otra.
Olinia está entrando ahora en la etapa que vuelve aquella imagen considerablemente más complicada: transformar un vehículo desarrollado por investigadores mexicanos en miles de unidades repetibles.
El proyecto prevé comenzar producción comercial durante 2027 y actualmente trabaja precisamente en industrialización, palabra utilizada por los ingenieros para describir semejante salto entre prototipo y producto.
Porque fabricar un automóvil una vez demuestra que funciona; conseguir veinte mil prácticamente iguales exige proveedores, herramientas, controles, logística, normas y procesos capaces de repetirse diariamente.
Primero hay que desarmar el coche
Paradójicamente, para fabricar miles de automóviles primero debemos dejar de pensar en ellos como automóviles completos y comenzar a contemplarlos como conjuntos de sistemas independientes.
Chasis, suspensión, batería, electrónica, carrocería, interiores, iluminación y numerosos componentes pueden proceder de proveedores y procesos diferentes antes de encontrarse finalmente durante el ensamble.
El director del proyecto, Roberto Capuano, explicó incluso que Olinia podría producirse parcialmente en una planta y trasladarse después hacia otra para terminar determinadas etapas de fabricación.
No significa que desaparezca la fábrica automotriz, sino que la producción funciona como una red donde instalaciones diferentes fabrican partes de un mismo objeto antes de integrarlas.
La propia planta de baterías tendrá ubicación específica, mientras el proyecto organiza proveedores, procesos y capacidades necesarios para conseguir que cada vehículo terminado pueda reproducirse con características consistentes.
Setenta grupos tuvieron que construir un coche
Olinia nació además mediante una estructura bastante poco parecida al departamento de ingeniería perteneciente a una sola compañía automotriz trabajando exclusivamente detrás de puertas corporativas.
El proyecto reunió capacidades de instituciones mexicanas, coordinadas por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, con participación del IPN, Tecnológico Nacional de México y otros centros.
El equipo fue dividido en células especializadas encargadas de resolver subsistemas diferentes: diseño, chasis, arquitectura física, calidad, industrialización, cadena de suministro y gestión integral, entre otros.
Es otra versión del rompecabezas: antes de ensamblar físicamente piezas, fue necesario ensamblar conocimientos procedentes de investigadores acostumbrados a resolver problemas diferentes desde instituciones también distintas.
La meta ya no consiste simplemente en demostrar que México puede diseñar un minivehículo eléctrico, sino conseguir que ese diseño sobreviva a la brutal disciplina de fabricar miles.
El primer coche quiere ser pequeño
Olinia Uno fue pensado para desplazamientos cotidianos y puede transportar hasta seis personas, mientras la versión Carga está diseñada para actividades comerciales y soporta hasta 650 kilogramos.
El vehículo es eléctrico y compacto, pensado especialmente para recorridos urbanos, pueblos y calles estrechas donde un automóvil convencional puede resultar innecesariamente grande para realizar trayectos relativamente cortos.
Puede cargarse mediante un enchufe convencional y el proyecto ha planteado desde su origen mantener costos de operación bajos frente a alternativas de combustión utilizadas en desplazamientos semejantes.
No intenta competir inicialmente con un sedán de carretera ni convertirse en deportivo mexicano; quiere ocupar el espacio existente entre motocicletas, mototaxis y automóviles convencionales mucho mayores.
La primera línea está diseñada para arrancar con capacidad cercana a veinte mil unidades y escalar posteriormente hasta cincuenta mil, según los objetivos públicos presentados por sus responsables.
También hay que fabricar lo que todavía importamos
Aquí aparece probablemente el rompecabezas más difícil: no todas las piezas necesarias para construir Olinia poseen actualmente una cadena de producción completamente desarrollada dentro de México.
El proyecto reconoce que inicialmente algunos componentes deberán importarse y plantea sustituirlos gradualmente mediante proveedores nacionales conforme pueda desarrollarse una cadena industrial capaz de producirlos localmente.
Eso convierte al coche en algo más que carrocería y ruedas: cada componente importado representa también una pregunta sobre qué tecnologías podría eventualmente aprender a fabricar la industria mexicana.
La batería ofrece un ejemplo interesante porque fue concebida pensando además en una segunda vida como almacenamiento energético después de terminar su servicio principal dentro del vehículo.
Así, construir el automóvil significa simultáneamente diseñarlo, certificarlo, encontrar proveedores, organizar plantas, fabricar baterías, desarrollar normas y conseguir que todas aquellas decisiones finalmente coincidan sobre cuatro ruedas.
El prototipo tiene que aprender a multiplicarse
Olinia ya superó la etapa donde bastaba enseñar un vehículo funcional ante cámaras. Ahora llega una prueba bastante menos fotogénica y probablemente muchísimo más difícil: repetirlo.
Un prototipo puede recibir ajustes manuales, soluciones únicas y atención extraordinaria; una línea industrial necesita que la unidad número diez mil pueda fabricarse con la consistencia de la primera.
Por eso industrializar significa diseñar también la manera de fabricar: cuánto tarda cada operación, qué herramienta necesita, dónde llega cada componente y cómo verificamos que quedó correctamente instalado.
El automóvil terminado será entonces la última pieza de un rompecabezas gigantesco que comenzó mucho antes de colocar una batería, una puerta o una rueda sobre el vehículo.
Si todo funciona, durante 2027 empezarán a aparecer unidades comerciales producidas en Puebla y aquel rompecabezas dejará finalmente de estar repartido entre laboratorios, proveedores, computadoras y plantas.
Entonces ocurrirá la prueba definitiva.
Alguien abrirá una puerta, se sentará, encenderá el vehículo y manejará tranquilamente sin tener que imaginar cuántas piezas tuvieron que encontrarse para llevarlo hasta allí.
