El gobierno de Claudia Sheinbaum propone aumentar el gasto educativo en 2027 y destinar 210 mil 600 millones de pesos a programas y becas. Sin embargo, el proyecto presupuestal reduce los recursos de La Escuela es Nuestra, uno de los principales instrumentos para mejorar instalaciones escolares. La contradicción no enfrenta a estudiantes contra edificios: revela que apoyar económicamente a las familias y garantizar escuelas dignas son obligaciones diferentes. El Congreso deberá decidir cómo financiar ambas.
La beca llega a casa pero las goteras siguen en la escuela.
Una familia puede recibir puntualmente una beca escolar y, al mismo tiempo, enviar a sus hijos a un plantel que necesita reparaciones urgentes.
Las dos circunstancias no son contradictorias, porque los apoyos económicos y la infraestructura atienden necesidades diferentes dentro del sistema educativo mexicano.
El problema aparece cuando la distribución del presupuesto favorece determinadas intervenciones mientras otras reciben recursos insuficientes para resolver sus necesidades.
En el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2027, el gobierno propone aumentar los recursos educativos y ampliar los apoyos estudiantiles.
Sin embargo, el programa La Escuela es Nuestra enfrenta una reducción presupuestal respecto de los recursos aprobados para el ejercicio anterior.
La decisión plantea una pregunta que trasciende la contabilidad: cómo garantizar simultáneamente que los estudiantes permanezcan en las aulas y que estas funcionen adecuadamente.
El presupuesto crece pero no todos los programas reciben más
La Secretaría de Hacienda entregó el Paquete Económico 2027 al Congreso el 8 de septiembre, con incrementos propuestos para educación y programas sociales.
El documento contempla aproximadamente 1.3 billones de pesos para el sector educativo, una cantidad superior a la prevista para 2026.
De acuerdo con el análisis publicado por Mexicanos Primero, el crecimiento real del presupuesto educativo sería de 6.8 por ciento.
Ese aumento considera el efecto de la inflación, por lo que no debe confundirse con una simple comparación de cantidades nominales.
Sin embargo, el crecimiento agregado no significa que todos los programas educativos dispongan de más recursos para realizar sus actividades.
La distribución interna revela prioridades distintas y obliga a revisar qué necesidades quedan atendidas y cuáles enfrentan restricciones financieras.
La Escuela es Nuestra pierde una cuarta parte de su presupuesto
El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación plantea asignar 20 mil millones de pesos a La Escuela es Nuestra durante 2027.
La cantidad contrasta con los 26 mil 832 millones considerados para 2026, una diferencia nominal de 6 mil 832 millones de pesos.
El ajuste representa aproximadamente 25.5 por ciento menos recursos, antes de considerar el efecto adicional que pudiera producir la inflación.
El programa permite transferir recursos a comunidades escolares para atender necesidades de mantenimiento, rehabilitación y equipamiento de planteles públicos.
Su reducción no demuestra automáticamente que una escuela determinada quedará sin reparaciones, porque existen otras fuentes de financiamiento para infraestructura.
Pero sí modifica los recursos disponibles dentro de uno de los mecanismos federales destinados directamente al mejoramiento de las instalaciones escolares.
Las becas reciben una prioridad presupuestal explícita
Hacienda informó que el proyecto de 2027 contempla 210 mil 600 millones de pesos para programas y becas educativas.
La cifra agrupa distintos instrumentos presupuestarios y no debe confundirse con una asignación exclusiva para una sola beca escolar.
El gobierno considera estos apoyos una herramienta para reducir obstáculos económicos que dificultan la asistencia y permanencia de estudiantes.
Su utilidad resulta especialmente relevante para familias que deben cubrir transporte, uniformes, materiales y otros gastos asociados con la educación.
Sin embargo, recibir una transferencia no garantiza que el plantel disponga de sanitarios adecuados, electricidad, conectividad o espacios suficientes.
Ambas políticas pueden complementarse, pero ninguna sustituye las funciones específicas de la otra dentro del derecho a la educación.
El gobierno anunció casi 59 mil millones para infraestructura en 2026
Durante julio, la Secretaría de Educación Pública presentó una inversión de 58 mil 415 millones de pesos destinada a infraestructura educativa.
El anuncio distribuyó 37 mil 715 millones para educación básica, 10 mil 916 millones para media superior y 9 mil 783 millones para superior.
Las cantidades incluyen diferentes instrumentos de financiamiento, por lo que no representan necesariamente un solo programa ni recursos administrados directamente por la SEP.
Entre ellos se encuentra el Fondo de Aportaciones Múltiples, que transfiere dinero a las entidades federativas para construir, rehabilitar y equipar instalaciones educativas.
El gobierno presentó esas inversiones como parte de su estrategia para ampliar la cobertura escolar y mejorar las condiciones físicas de los planteles.
Sin embargo, una asignación presupuestal no equivale automáticamente a una obra concluida ni permite conocer cuántas necesidades siguen pendientes.

El anuncio de 2026 y el proyecto de 2027 cuentan historias distintas
La inversión anunciada en julio corresponde al ejercicio fiscal de 2026, mientras el proyecto presentado en septiembre establece prioridades para el año siguiente.
Comparar ambos momentos exige distinguir recursos aprobados, modificaciones presupuestarias, gasto efectivamente ejercido y cantidades propuestas para un nuevo ejercicio.
Una obra iniciada durante 2026 puede continuar posteriormente, mientras otras intervenciones dependen de asignaciones anuales o transferencias a gobiernos estatales.
Por ello, la reducción de La Escuela es Nuestra no demuestra que desaparezca toda la inversión federal destinada a infraestructura educativa.
Tampoco puede utilizarse el anuncio de 58 mil millones para afirmar que todas las necesidades de mantenimiento escolar quedaron resueltas.
La comparación debe realizarse por programa, fuente de financiamiento y ejercicio fiscal para evitar conclusiones construidas con cantidades de naturaleza diferente.
Las escuelas tienen necesidades que no aparecen en una tarjeta bancaria
La infraestructura educativa comprende mucho más que levantar edificios nuevos o rehabilitar fachadas deterioradas mediante intervenciones visibles.
Incluye instalaciones eléctricas, sanitarios, abastecimiento de agua, mobiliario, accesibilidad, ventilación, conectividad y espacios adecuados para desarrollar actividades de enseñanza.
Las carencias afectan de manera distinta a escuelas urbanas, rurales, indígenas y comunitarias, dependiendo de sus condiciones y recursos disponibles.
Una transferencia económica puede ayudar a las familias a comprar materiales escolares, pero no sustituye las obligaciones públicas sobre mantenimiento de planteles.
De igual manera, una escuela rehabilitada no resuelve automáticamente las dificultades económicas que pueden provocar ausentismo o abandono entre sus estudiantes.
La política educativa necesita atender simultáneamente las condiciones familiares y las características del entorno donde ocurre el aprendizaje.
PISA encontró problemas que el presupuesto no puede ignorar
Los resultados de PISA ofrecen una referencia internacional sobre aprendizajes y condiciones escolares, aunque deben interpretarse según su población y metodología.
En México, aproximadamente la mitad de los estudiantes evaluados asistía a planteles cuyos directores reportaron carencias de infraestructura que dificultaban la enseñanza.
El dato describe percepciones institucionales recogidas mediante el estudio y no equivale a una inspección física de todos los edificios escolares.
Sin embargo, constituye una señal relevante sobre las condiciones que enfrentan estudiantes y docentes dentro del sistema educativo.
Las evaluaciones también muestran dificultades de aprendizaje que no pueden resolverse únicamente mediante transferencias económicas o nuevas construcciones.
Para atenderlas se requieren estrategias pedagógicas, acompañamiento docente, materiales adecuados y mecanismos que permitan identificar avances y rezagos.
La beca no enseña matemáticas pero puede ayudar a seguir estudiando
Los apoyos económicos buscan reducir obstáculos materiales que pueden dificultar la permanencia escolar, especialmente entre familias con ingresos limitados.
Su efecto debe evaluarse mediante indicadores de asistencia, continuidad educativa, abandono y condiciones socioeconómicas de las personas beneficiarias.
Sin embargo, los resultados no necesariamente serán iguales entre estudiantes de primaria, secundaria, bachillerato o educación superior.
También intervienen factores como las necesidades laborales familiares, las expectativas educativas y las dificultades acumuladas durante la trayectoria escolar.
Por ello, una beca puede ser importante sin convertirse automáticamente en una solución integral para todos los problemas del sistema.
La discusión presupuestaria debe reconocer su función específica y exigir evaluaciones que permitan conocer sus resultados reales.
La cobertura universal requiere precisar qué recibe cada estudiante
La SEP informó que el ciclo escolar 2026-2027 comenzó con cobertura universal de becas para estudiantes de educación básica y media superior.
El anuncio incluye instrumentos diferentes, entre ellos la Beca Rita Cetina y los apoyos destinados a quienes cursan bachillerato.
En primaria, la estrategia contempla una transferencia anual para útiles y uniformes, mientras otros niveles reciben apoyos mediante esquemas y periodicidades distintas.
Por tanto, cobertura universal no significa necesariamente que todos los estudiantes reciban la misma cantidad ni bajo idénticas condiciones.
También resulta indispensable distinguir entre la población potencialmente elegible, las personas incorporadas al padrón y quienes efectivamente recibieron sus pagos.
Esa diferencia permite evaluar la implementación sin confundir los objetivos anunciados con la cobertura administrativa comprobada.
Más de 28 millones regresaron a clases
La Secretaría de Educación Pública informó que más de 28 millones de estudiantes de educación básica y media superior iniciaron el ciclo 2026-2027.
También reportó aproximadamente 1.6 millones de docentes y más de 250 mil escuelas distribuidas en todo el territorio nacional.
Las cifras muestran la dimensión del sistema que debe atender simultáneamente necesidades de financiamiento, infraestructura, personal y servicios educativos.
Un cambio presupuestario aparentemente limitado puede tener consecuencias relevantes cuando se distribuye entre miles de planteles con condiciones distintas.
Pero también es necesario evitar dividir mecánicamente el presupuesto entre todas las escuelas, porque los programas tienen poblaciones y objetivos específicos.
La asignación debe examinarse según sus reglas de operación, criterios de elegibilidad y mecanismos de distribución territorial.
La Escuela es Nuestra entrega decisiones a las comunidades
Una característica del programa consiste en transferir recursos a comités escolares para que participen directamente en decisiones relacionadas con el mejoramiento de instalaciones.
El mecanismo busca acercar las decisiones a quienes conocen las necesidades cotidianas de los planteles y sus condiciones materiales.
Su funcionamiento requiere procedimientos de integración, comprobación y vigilancia que permitan conocer cómo se utilizan los recursos públicos.
La participación comunitaria puede mejorar la identificación de prioridades, aunque no sustituye la responsabilidad gubernamental de garantizar infraestructura segura y suficiente.
También resulta necesario examinar si las comunidades cuentan con asistencia técnica para ejecutar obras que requieren conocimientos especializados.
La evaluación debe considerar tanto la autonomía de decisión como los resultados materiales y la transparencia de las intervenciones realizadas.
El Fondo de Aportaciones Múltiples tiene compromisos previos
Otra fuente importante de infraestructura escolar es el Fondo de Aportaciones Múltiples, cuyos recursos se transfieren a las entidades federativas.
Sin embargo, parte de sus asignaciones está comprometida para cubrir obligaciones relacionadas con certificados de infraestructura educativa emitidos anteriormente.
México Evalúa estima que, de 25 mil 155 millones de pesos previstos para ese fondo en 2027, alrededor de 13 mil 508 millones quedarían disponibles.
La diferencia significa que no todo el monto nominal puede utilizarse libremente para nuevas obras, rehabilitaciones o equipamiento durante el ejercicio.
El dato tampoco implica que el resto del dinero desaparezca, porque corresponde a compromisos financieros establecidos mediante mecanismos previos.
La evaluación presupuestaria necesita identificar recursos realmente disponibles y obligaciones existentes antes de calcular la capacidad de inversión nueva.
El presupuesto también debe pagar a quienes enseñan
La discusión sobre becas e infraestructura sería incompleta si omitiera el componente que concentra la mayor parte del gasto educativo: el personal.
México Evalúa calcula que la nómina representaría 62.1 por ciento del presupuesto educativo previsto para 2027, equivalente a 797 mil 286 millones de pesos.
La proporción refleja la importancia de financiar salarios y prestaciones dentro de un sistema que depende de docentes y trabajadores administrativos.
El pago de remuneraciones constituye una obligación pública y puede contribuir a mejorar las condiciones laborales de quienes sostienen la enseñanza.
Sin embargo, su peso también reduce el margen disponible para modificar otras partidas sin alterar compromisos previamente establecidos.
Por eso, aumentar el presupuesto total no garantiza que crezcan proporcionalmente los recursos para infraestructura, materiales o formación docente.
Casi ocho de cada diez pesos adicionales tienen un destino concentrado
El análisis de México Evalúa identifica cinco programas relacionados con nómina y apoyo administrativo que concentrarían 79.2 por ciento del incremento educativo.
En conjunto, representarían 69 mil 883 millones de los 88 mil 227 millones adicionales considerados dentro de su comparación presupuestaria.
La cifra permite comprender por qué algunas actividades educativas enfrentan reducciones aunque el presupuesto general presente un crecimiento real.
No significa que los recursos destinados a salarios sean innecesarios, porque también responden a obligaciones laborales y necesidades del sistema.
Pero sí muestra que las prioridades presupuestarias deben analizarse mediante la distribución efectiva del dinero y no únicamente mediante el incremento agregado.
La Cámara de Diputados tendrá que examinar esas diferencias antes de aprobar las asignaciones definitivas para el siguiente ejercicio.
La formación docente también pierde espacio
Los especialistas de México Evalúa identificaron reducciones en recursos destinados a formación docente, producción de materiales y determinadas actividades de evaluación educativa.
Según su análisis, esos componentes representarían apenas 0.36 por ciento del presupuesto educativo dentro del proyecto presentado para 2027.
La proporción no incluye todas las inversiones que pueden contribuir al aprendizaje, pero permite observar el peso de apoyos pedagógicos específicos.
La formación continua resulta importante para acompañar cambios curriculares, actualizar conocimientos y atender dificultades detectadas dentro de las aulas.
Sin embargo, tampoco puede evaluarse únicamente mediante su asignación presupuestaria, porque importan la calidad, cobertura y pertinencia de los programas.
La pregunta consiste en conocer qué apoyos recibirán efectivamente los docentes y cómo se comprobarán sus resultados.
La educación inicial enfrenta otra reducción
El análisis presupuestario también identifica una disminución de 51.5 por ciento para el programa de Expansión de la Educación Inicial.
La asignación propuesta quedaría en aproximadamente 866 millones de pesos, aunque su comparación requiere considerar modificaciones realizadas durante el ejercicio anterior.
La educación inicial atiende necesidades distintas de las correspondientes a primaria, secundaria y bachillerato, especialmente durante los primeros años de vida.
Sus servicios pueden contribuir al desarrollo infantil y ofrecer apoyos a familias que enfrentan dificultades para acceder a cuidados adecuados.
Una reducción presupuestaria debe examinarse junto con las metas de cobertura, las modalidades de atención y los recursos disponibles por otras vías.
Sin esa información, no es posible establecer cuántos servicios específicos podrían verse afectados por la propuesta.
El bachillerato también necesita espacios suficientes
La ampliación de la cobertura de educación media superior constituye otro objetivo del gobierno federal para los próximos años.
La SEP ha anunciado nuevas instalaciones, ampliaciones y obras destinadas a incrementar los lugares disponibles para estudiantes que concluyen la secundaria.
Esas intervenciones requieren inversión física, contratación de personal, equipamiento y recursos recurrentes para operar los planteles después de inaugurarlos.
La construcción de espacios adicionales puede facilitar el acceso, pero su utilidad depende también de la ubicación y de las necesidades territoriales.
Una escuela nueva en una región no resuelve necesariamente la falta de lugares en otra, aunque ambas pertenezcan al mismo sistema.
La planeación necesita incorporar datos demográficos, movilidad, demanda educativa y condiciones de infraestructura para distribuir adecuadamente las inversiones.
La educación técnica plantea otra pregunta presupuestaria
México Evalúa identifica reducciones propuestas para el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, mientras otras instituciones de media superior recibirían incrementos.
Las diferencias requieren analizar las funciones de cada subsistema y las metas gubernamentales relacionadas con formación tecnológica y capacitación profesional.
El desarrollo de capacidades técnicas forma parte de las políticas educativas y económicas, pero necesita recursos para talleres, laboratorios y personal especializado.
Una reducción presupuestaria no demuestra automáticamente el cierre de planteles, aunque sí exige conocer sus posibles efectos sobre servicios y equipamiento.
También resulta importante distinguir entre recursos para nuevas instalaciones y partidas destinadas al funcionamiento cotidiano de instituciones existentes.
La evaluación debe relacionar el financiamiento con los objetivos educativos establecidos para cada subsistema.
Los estados administran una parte decisiva del dinero
El presupuesto educativo federal incluye transferencias que los gobiernos estatales utilizan para financiar personal, infraestructura y otras obligaciones del sistema.
México Evalúa calcula que el Ramo 33 concentraría 50.1 por ciento del gasto educativo considerado dentro de su análisis para 2027.
La proporción muestra que una parte importante de las decisiones de ejecución ocurre fuera de las oficinas centrales de la SEP.
Por eso, la vigilancia presupuestaria necesita incorporar información sobre transferencias, calendarios, proyectos y resultados reportados por las entidades federativas.
También debe distinguir las atribuciones de los gobiernos estatales respecto de las responsabilidades de la Federación.
Una política educativa nacional puede establecer prioridades comunes, pero su implementación depende de instituciones y capacidades administrativas distribuidas territorialmente.
El Congreso todavía puede modificar las cifras
El Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación constituye una propuesta del Poder Ejecutivo y no una asignación definitiva.
La Cámara de Diputados tiene facultades para examinarlo, modificarlo y aprobarlo conforme al procedimiento y los plazos constitucionales.
Por tanto, los ajustes previstos para La Escuela es Nuestra y otros programas todavía pueden cambiar durante la discusión legislativa.
La revisión debería considerar las necesidades de infraestructura, las obligaciones salariales, los apoyos económicos y los servicios pedagógicos.
También corresponde exigir explicaciones sobre incrementos administrativos y reducciones que puedan afectar programas con objetivos educativos específicos.
El debate presupuestario ofrece una oportunidad para examinar prioridades antes de que las cantidades propuestas se conviertan en autorizaciones de gasto.
El derecho a la educación no cabe en una sola partida
La Constitución reconoce el derecho a la educación, cuya realización requiere condiciones de acceso, permanencia, enseñanza y aprendizaje.
Las becas pueden contribuir a reducir obstáculos económicos, mientras la infraestructura proporciona espacios adecuados para desarrollar actividades escolares.
Los salarios docentes, la formación profesional y los materiales educativos atienden otras necesidades igualmente relacionadas con el funcionamiento del sistema.
Ninguno de esos componentes puede evaluarse aisladamente como sustituto universal de los demás, porque cumplen funciones diferentes.
La calidad de una política pública depende de su coordinación, de los recursos disponibles y de los resultados que puedan comprobarse.
Por eso, el crecimiento presupuestario necesita traducirse en mejoras concretas para estudiantes, familias, docentes y comunidades escolares.
El verdadero examen empieza cuando se apaga el anuncio
El gobierno puede documentar una ampliación de becas y anunciar inversiones importantes en infraestructura sin que ambas afirmaciones sean incompatibles.
También puede aumentar el gasto educativo total mientras reduce partidas específicas destinadas al mantenimiento o equipamiento de escuelas.
La contradicción relevante aparece cuando los objetivos de ampliar oportunidades educativas no cuentan con instrumentos suficientes para atender todas sus dimensiones.
El proyecto de 2027 obliga a revisar cuánto dinero llegará directamente a estudiantes, cuánto a planteles y cuánto a las actividades de enseñanza.
También exige distinguir entre promesas presupuestarias, recursos efectivamente ejercidos y resultados comprobables mediante indicadores educativos.
México necesita estudiantes que puedan pagar el transporte para llegar a clases, pero también escuelas donde valga la pena llegar. Una beca ayuda a cruzar la puerta; el presupuesto público debe garantizar lo que ocurre del otro lado.

