La nueva fotografía demográfica del país muestra 130.9 millones de habitantes, pero también muchos menos niños y cada vez más adultos mayores. El México eternamente joven está empezando a quedarse en las fotografías.
México sigue creciendo. Hay 130 millones 911 mil habitantes, casi cinco millones más que en 2020. Pero dentro de ese enorme número está ocurriendo algo mucho más interesante.
El país que durante generaciones se describió a sí mismo como joven está envejeciendo. No es una predicción para 2050: acaba de aparecer claramente en las casas mexicanas.
La Encuesta Intercensal 2025 del Inegi encontró que la edad mediana nacional llegó a 32 años. Apenas cinco años antes estaba situada en 29.
Significa algo muy sencillo: si formáramos a todos los mexicanos por edad, la persona colocada exactamente a la mitad de aquella gigantesca fila tendría ahora 32 años.
En 2000 habría tenido solamente 22. México, visto desde el centro de su población, cumplió diez años adicionales durante el primer cuarto de este siglo.
Pero el cambio verdaderamente profundo ocurre en los extremos de esa fila. Hay proporcionalmente menos niños mientras crece rápidamente el espacio ocupado por las personas mayores.
En 2020, los menores de 15 años representaban 25.2 por ciento de los habitantes. Cinco años después su participación había disminuido hasta 21.6 por ciento.
El movimiento contrario ocurre arriba. Las personas de 60 años y más pasaron de representar 12 por ciento de la población a 14.7 por ciento.
Eso equivale actualmente a alrededor de 19 millones de mexicanos mayores de 60 años. Prácticamente uno de cada siete habitantes ya pertenece a ese grupo.
No ocurrió porque repentinamente aparecieran millones de ancianos. La transformación combina vidas más largas con algo que sucede silenciosamente dentro de millones de hogares: nacen muchos menos niños.
La fecundidad mexicana lleva años descendiendo y ya se encuentra por debajo del nivel necesario para que una generación sea sustituida numéricamente por la siguiente.
La Encuesta Intercensal permite observar hasta dónde puede llegar esa diferencia. Chiapas conserva la población más joven del país, con una edad mediana de 26 años.
En el otro extremo está la Ciudad de México. Allí la persona situada a la mitad de la distribución tiene 37 años, once más que en Chiapas.
También aparecen diferencias extraordinarias en fecundidad. Mientras Chiapas registra alrededor de 1.8 hijos por mujer, la Ciudad de México se encuentra aproximadamente en 0.8.
La vieja pirámide demográfica mexicana empieza así a perder su forma. Su base, ocupada durante décadas por enormes generaciones infantiles, se estrecha mientras las edades superiores ganan espacio.
Todavía existe una ventaja. México mantiene una gran población en edades laborales y la razón total de dependencia incluso disminuyó entre 2020 y 2025.
Pero dentro de esa aparente mejoría ocurrió un intercambio importante: disminuyó la dependencia asociada con niños mientras aumentó la correspondiente a personas mayores.
En 2020 había aproximadamente 12 personas de 65 años o más por cada cien habitantes en edad laboral. Para 2025 ya eran alrededor de 15.
Eso transforma problemas que durante décadas parecieron lejanos. Pensiones, hospitales, cuidados, vivienda, transporte y mercado laboral tendrán que adaptarse a una población distinta de aquella para la cual fueron diseñados.
También cambiarán cosas menos evidentes: quién compra, quién hereda negocios familiares, quién vive solo, quién cuida a quién y cuántos trabajadores sostienen económicamente a generaciones retiradas.
Las proyecciones oficiales ya anticipaban el fenómeno. Para 2070, aproximadamente una tercera parte de la población mexicana podría encontrarse dentro del grupo de personas mayores.
La sorpresa de la nueva encuesta no consiste entonces en descubrir que México envejece. Consiste en comprobar cuánto de aquel futuro ya alcanzó al presente.
Durante mucho tiempo México pudo mirar su pirámide demográfica y encontrarse rodeado de niños. La nueva fotografía todavía muestra un país enorme, pero comienza a parecerse menos a esa vieja imagen.
México no dejó de crecer. Simplemente está cambiando quién ocupa sus casas, sus calles y su mesa. Y mientras discutíamos cuántos mexicanos somos, empezó a cambiar algo más importante: qué edad tenemos.
