El Instituto prepara un operativo nacional para estimar las tendencias de las 17 elecciones de gobernador el próximo 6 de junio. No contará todas las casillas ni declarará ganadores.
El 6 de junio de 2027 habrá 17 estados esperando la misma respuesta antes de irse a dormir: quién lleva ventaja para convertirse en su próximo gobernador.
El INE ya comenzó a construir la maquinaria estadística con la que intentará responder esa pregunta durante la misma noche electoral, sin esperar el conteo completo.
El Consejo General decidió asumir parcialmente los conteos rápidos de las 17 gubernaturas y preparar un operativo nacional con una metodología común para todas las entidades involucradas.
La lista incluye Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas.
Pero el conteo rápido tiene un nombre ligeramente engañoso. El INE no contará rápidamente todos los votos depositados durante la jornada electoral en esos 17 estados.
Seleccionará una muestra probabilística de casillas y utilizará sus resultados para calcular intervalos dentro de los cuales puede encontrarse la votación obtenida por cada candidatura.
Para hacerlo integrará un comité de especialistas encargado de diseñar las muestras, determinar los modelos estadísticos y elaborar las estimaciones correspondientes a cada una de las elecciones.
Después vendrá una operación bastante menos abstracta: obtener información de las casillas seleccionadas, transmitirla y procesarla mientras millones de votos continúan contándose en el resto del territorio.
Antes habrá pruebas y simulacros. El Instituto preparará también sistemas informáticos y coordinará el operativo con los 17 organismos electorales locales de las entidades involucradas.
La intervención federal será parcial. Los institutos electorales estatales conservarán las demás atribuciones que les corresponden para organizar y conducir las elecciones dentro de sus respectivos territorios.
La diferencia entre conteo rápido y resultado electoral será especialmente importante esa noche. El primero ofrece estimaciones estadísticas, no entrega constancias ni convierte automáticamente a alguien en gobernador.
Si existe información suficiente, podrá mostrar rangos de votación y determinar si una candidatura presenta una ventaja estadísticamente identificable respecto de las demás opciones que participaron.
Si los intervalos se cruzan o los datos disponibles todavía no permiten establecer una tendencia confiable, el ejercicio tampoco deberá fabricar una respuesta para satisfacer la impaciencia electoral.
El conteo rápido tampoco es el PREP.
El Programa de Resultados Electorales Preliminares incorpora información procedente de las actas conforme son capturadas y publicadas. El conteo rápido trabaja únicamente con una muestra diseñada científicamente.
Y ninguno sustituye los cómputos oficiales que posteriormente realizan las autoridades electorales y cuyos resultados constituyen la base legal para determinar quién obtuvo realmente más votos.
El INE ya conoce semejante operación. Desde 2016 ha realizado decenas de conteos rápidos en elecciones federales y locales, incluidas gubernaturas y la elección presidencial.
Esta vez serán 17 elecciones estatales ocurriendo simultáneamente. Por eso decidió concentrar diseño, metodología y operación bajo criterios comunes en lugar de construir 17 ejercicios completamente independientes.
Todavía faltan ocho meses. No conocemos todas las candidaturas y quedan campañas, debates, propaganda, encuestas y millones de decisiones individuales antes de comenzar seriamente a hablar de resultados.
Pero el INE ya está preparando las muestras que permitirán mirar dentro de las urnas sin necesidad de abrirlas todas antes de ofrecer una primera fotografía estadística.
La noche del 6 de junio habrá 17 preguntas parecidas.
La estadística intentará contestarlas antes de que termine la noche.
La ley necesitará algunos días más.
