La gentrificación es un problema que está afectando a todas las grandes urbes
Una iniciativa propone incorporar por primera vez el concepto a la Ley de Vivienda de la Ciudad de México. Definir el problema puede parecer un asunto semántico, pero detrás está una discusión bastante más complicada: qué puede hacer el gobierno para evitar que una colonia mejorada termine expulsando a quienes ya vivían ahí.
La palabra gentrificación lleva años recorriendo las calles de la Ciudad de México. Ahora quiere entrar también a sus leyes.
El Congreso capitalino recibió el 3 de septiembre una iniciativa de la diputada panista Frida Jimena Guillén Ortiz para reformar la Ley de Vivienda e incorporar expresamente el fenómeno dentro de la política habitacional de la capital.
La propuesta define la gentrificación como un proceso de transformación de una zona urbana que atrae población con mayor poder adquisitivo y provoca, directa o indirectamente, el desplazamiento de sus habitantes originales, generalmente de menores ingresos.
No es todavía una nueva ley ni una política vigente.
Es una iniciativa que deberá recorrer el proceso legislativo y que intenta resolver un problema previo: si las autoridades quieren combatir la gentrificación, primero necesitan determinar jurídicamente qué entienden por ella.
La propuesta plantea que la política de vivienda contribuya a combatir sus efectos y vincula el problema con el modelo de una ciudad compacta, cohesionada socialmente y con servicios cercanos.
Ahí comienza la parte difícil.
Una colonia puede recibir transporte, parques, ciclovías, seguridad, comercios y mejores servicios públicos y, precisamente por volverse más atractiva, experimentar incrementos en el precio del suelo y de las rentas.
La paradoja urbana es incómoda: mejorar un barrio no debería significar expulsar a quienes sobrevivieron durante años a sus carencias.
La iniciativa llega además después de que la discusión sobre vivienda, rentas, turismo de larga estancia y nómadas digitales se instaló en el Congreso. La propia legisladora ha presentado otras propuestas relacionadas con esos fenómenos.

Pero poner gentrificación en una ley no abarata por sí mismo un departamento.
El siguiente debate será mucho más concreto: qué instrumentos tendrá el gobierno, cómo se medirá el desplazamiento, qué obligaciones corresponderán a desarrolladores y propietarios y, sobre todo, cómo se protegerá a los habitantes sin congelar la transformación de los barrios.
La Ciudad de México parece haber aceptado ya que tiene un problema llamado gentrificación.
Ahora le toca decidir qué significa realmente combatirlo.
