En la colonia Doctores, una deformación del pavimento terminó convertida en una oquedad mientras esperaba atención. El caso permite seguir la vida administrativa de uno de los habitantes más persistentes de la CDMX: el bache que ya tiene reporte, folio y todavía conserva domicilio.
Un bache comienza siendo un agujero. Después alguien lo fotografía, consigue la ubicación exacta, presenta un reporte y recibe algo mucho más abstracto: un número de folio.
En teoría, ahí empieza la reparación.
En la práctica puede comenzar otra historia.
Vecinos de la colonia Doctores reportaron desde 2025 una deformación sobre Doctor Andrade, entre Doctor Velasco y Doctor Liceaga, que con el tiempo terminó convertida en una oquedad.
El caso sobrevivió mientras la Ciudad de México ponía en marcha una estrategia que prometía atender reportes de baches en vialidades primarias dentro de un plazo máximo de 48 horas.
La palabra importante es “primarias”.
La ciudad tiene vialidades cuya atención corresponde al Gobierno central y otras bajo responsabilidad de las alcaldías. Por eso reportar correctamente también implica saber quién debe tapar el agujero.
Para eso existe el Sistema Unificado de Atención Ciudadana. El SUAC permite presentar solicitudes, quejas y reportes sobre servicios urbanos y canalizarlos hacia la autoridad correspondiente.
El ciudadano puede hacerlo mediante Locatel, por teléfono al 311 o utilizando las herramientas digitales habilitadas por el Gobierno capitalino.
Conviene proporcionar ubicación precisa, entrecalles, referencias y fotografías. Un “hay un bache enorme por mi casa” puede ser perfectamente cierto y administrativamente bastante inútil.
Después llega el folio.
Ese número permite consultar el avance de la solicitud y resulta especialmente importante cuando el problema permanece mientras el reporte aparece como atendido, canalizado o sigue esperando resolución.
La estrategia Bachetón comenzó en octubre de 2024 para intervenir vialidades primarias. En 2025 el Gobierno capitalino anunció además un esquema de atención permanente para reportes ciudadanos.
Durante 2026, la Secretaría de Obras ha continuado trabajos de conservación y repavimentación en la red vial primaria, mientras las alcaldías mantienen responsabilidades sobre calles secundarias.
Pero tapar un bache y reparar una calle enferma tampoco son exactamente lo mismo.
Hundimientos recurrentes, fugas de agua, deterioro de la carpeta asfáltica o problemas del subsuelo pueden provocar que una reparación superficial dure bastante menos de lo esperado.
Por eso también importa documentar cuando el agujero reaparece.
El bache de Doctor Andrade resulta interesante precisamente porque cuenta una historia mayor que la de una llanta amenazada por el pavimento.
En una ciudad gigantesca, reparar calles depende de cuadrillas, presupuesto, materiales, competencias administrativas y una pequeña burocracia que comienza cuando alguien oprime “enviar”.
El ciudadano ya hizo su parte cuando consiguió el folio.
El problema es cuando el bache también consigue conservar el suyo.
