El Centro de Cultura Digital estrena una instalación que convierte voces grabadas en una maqueta imposible del espacio-tiempo. El problema es sencillo: nuestros ojos solamente saben vivir en tres dimensiones.
Debajo de la Estela de Luz existe desde hoy un pequeño universo donde una voz puede continuar viajando después de que la persona que la produjo dejó de hablar.
La instalación La canción del eterno universo intenta construir una maqueta de cuatro dimensiones utilizando matemáticas, sonido y grabaciones procedentes de distintos lugares de América y Europa.
La dificultad aparece inmediatamente: podemos caminar hacia adelante, atrás, arriba, abajo y ambos lados, pero nuestros cuerpos no conocen ninguna cuarta dirección espacial por donde escapar.
Por eso aquello que veremos no es realmente la cuarta dimensión, sino una proyección tridimensional de algo que nuestra experiencia cotidiana no está preparada para observar directamente.
Para fabricar un cubo primero necesitamos una línea
Imaginemos un punto y movámoslo en una dirección: aparece una línea; desplazamos después esa línea perpendicularmente y obtenemos una superficie cuadrada con dos dimensiones.
Si movemos el cuadrado hacia una tercera dirección, aparece un cubo, objeto perfectamente familiar porque nosotros mismos habitamos un mundo donde largo, ancho y altura funcionan simultáneamente.
Ahora llega la trampa: habría que desplazar ese cubo hacia una dirección completamente nueva, perpendicular a las tres anteriores, que ningún dedo humano puede señalar físicamente.
El resultado matemático puede representarse mediante un hipercubo o teseracto, aunque cualquier dibujo que hagamos será inevitablemente una proyección empobrecida de aquella geometría de cuatro dimensiones.
Sucede algo parecido cuando dibujamos un cubo sobre papel: el objeto representado posee tres dimensiones, pero su sombra gráfica tiene solamente dos y engaña suficientemente bien.
Nosotros seríamos entonces los habitantes del papel intentando comprender el cubo, mientras una criatura tetradimensional probablemente observaría nuestros esfuerzos con considerable paciencia y cierta superioridad geométrica.
Aquí la cuarta dimensión también es tiempo
La instalación toma otro camino porque parte del espacio-tiempo desarrollado matemáticamente por Hermann Minkowski, donde las tres dimensiones espaciales aparecen unidas con una cuarta dimensión temporal.
Eso permite introducir al sonido, criatura especialmente apropiada para semejante experimento porque ninguna nota existe solamente en un lugar: necesita también desarrollarse durante determinado periodo de tiempo.
Una fotografía puede congelar visualmente un instante, mientras una grabación conserva una secuencia completa y necesita reproducirse durante segundos o minutos para volver a existir ante nosotros.
Vinilos, casetes, archivos MP3 y WAV funcionan así como pequeñas cápsulas temporales capaces de almacenar sonidos producidos anteriormente y hacerlos reaparecer muchos años después.
La artista Azalea Murakami utiliza precisamente voces grabadas para construir una composición acusmática colectiva, formada mediante archivos procedentes de distintos países americanos y algunas latitudes europeas.
Una esfera puede tener una hermana imposible
La otra protagonista es una 3-esfera, objeto matemático cuyo nombre resulta engañoso porque no corresponde simplemente a la esfera tridimensional que conocemos desde cualquier pelota.
Una circunferencia puede entenderse como una esfera unidimensional y la superficie de una pelota como esfera bidimensional; la siguiente integrante de la familia necesita cuatro dimensiones para existir.
No podemos colocar una auténtica 3-esfera sobre la mesa, pero sí producir proyecciones tridimensionales capaces de mostrarnos algunas propiedades del objeto que matemáticamente estamos intentando imaginar.
La instalación utiliza precisamente una proyección de esa geometría como miniatura artística de un universo tetradimensional donde las voces grabadas ocupan simultáneamente espacio, tiempo y memoria.
El programa continuará llevando el juego todavía más lejos: habrá una charla titulada ¿A qué suena la 4D? y posteriormente un taller infantil dedicado a cajas tetradimensionales.
Tu voz también sabe viajar en el tiempo
Detrás del experimento matemático existe una preocupación considerablemente más humana: cuando alguien muere solemos conservar muchas fotografías, pero frecuentemente poseemos menos archivos dedicados exclusivamente a su voz.
Una grabación consigue algo extraño porque devuelve respiraciones, pausas, acentos y pequeñas imperfecciones capaces de provocar una presencia emocional distinta de aquella producida por cualquier imagen inmóvil.
Murakami investiga precisamente esa capacidad del archivo sonoro para conservar voces después de la muerte y pregunta si grabarlas también puede adquirir una dimensión ritual contemporánea.
Eso convierte una idea aparentemente abstracta sobre geometría tetradimensional en algo sorprendentemente doméstico: cualquier nota de voz almacenada dentro de nuestro teléfono ya contiene un pequeño pasado reproducible.
Podemos escuchar nuevamente una frase pronunciada ayer, hace diez años o por alguien que ya murió, aunque físicamente aquel sonido original desapareció inmediatamente después de producirse.
La canción del eterno universo permanecerá durante octubre en el Centro de Cultura Digital, ubicado precisamente debajo de la Estela de Luz sobre Paseo de la Reforma.
La entrada es gratuita y la instalación puede visitarse desde las once de la mañana, convirtiendo aquel espacio subterráneo en una pequeña madriguera dedicada a dimensiones imposibles.
Quizá nadie salga de ahí sabiendo señalar dónde queda exactamente la cuarta dimensión, porque nuestro cuerpo continuará obstinadamente instalado dentro de las tres que conoce perfectamente.
Pero probablemente escuchemos diferente esa próxima nota de voz guardada en el teléfono: un sonido del pasado que acaba de encontrar la manera de regresar al presente.
