Foto - https://pikiolabs.com/
Una empresa canadiense diseñó un casco de bicicleta inspirado en los golpes del pájaro carpintero y consiguió la mejor puntuación registrada en las pruebas de Virginia Tech.
El pájaro carpintero lleva millones de años golpeando troncos con la cabeza, mientras los humanos todavía buscamos mejores maneras de protegernos cuando caemos de una bicicleta.
Una pequeña empresa canadiense encontró inspiración en ese comportamiento para fabricar un casco que acaba de conseguir un resultado extraordinario en las pruebas estadounidenses de seguridad.
Se llama Pikio Si Oblik y obtuvo 4.61 puntos en la evaluación STAR de Virginia Tech, la mejor calificación registrada hasta ahora en ese sistema.
El resultado fue difundido este sábado por el portal chileno BioBioChile, que retomó una investigación publicada por la revista estadounidense WIRED sobre esta tecnología.
El pájaro carpintero entró al laboratorio
Los pájaros carpinteros realizan movimientos repetidos y veloces contra superficies duras, una capacidad que ha despertado el interés de investigadores dedicados a estudiar impactos y biomecánica.
Sin embargo, conviene aclarar algo: la ciencia todavía discute cómo responden sus cerebros a esos movimientos y no puede afirmarse que sean completamente inmunes a lesiones.
La inspiración de Pikio está en buscar nuevas maneras de administrar la energía de un impacto, especialmente cuando la cabeza experimenta movimientos bruscos de rotación.
Un golpe contra el pavimento puede producir una aceleración directa, pero también hacer girar violentamente la cabeza y generar movimientos potencialmente peligrosos dentro del cráneo.
Por eso los fabricantes comenzaron a desarrollar sistemas que no solamente absorben golpes frontales, sino que también intentan reducir las fuerzas asociadas con esos giros.
Un casco que prefiere moverse antes que romperse
Los cascos convencionales utilizan habitualmente espuma de poliestireno expandido, un material que se comprime para absorber parte de la energía producida durante un impacto.
El sistema Oblik conserva ese principio, pero divide la protección en secciones independientes conectadas mediante elementos flexibles que pueden responder de manera diferente al golpe.
Dependiendo de la dirección y la intensidad del impacto, esas piezas pueden deformarse, desplazarse o desprenderse, contribuyendo a administrar las fuerzas transmitidas hacia la cabeza.
El resultado es una estructura más compleja que la habitual, diseñada para responder tanto a impactos lineales como a movimientos de rotación potencialmente peligrosos.
Según explicó el fundador de Pikio, Daniel Abram, a WIRED, desarrollar esta solución requirió aprovechar dieciocho años de investigación relacionada con protección contra impactos.
La calificación donde perder puntos significa ganar
Virginia Tech utiliza su sistema STAR para evaluar cascos mediante pruebas que consideran diferentes condiciones de impacto y estiman el riesgo relativo de conmoción cerebral.
En esta clasificación, obtener menos puntos representa un mejor desempeño, mientras los modelos con puntuaciones suficientemente bajas reciben la máxima calificación de cinco estrellas.
El Pikio Si Oblik consiguió 4.61 puntos, frente a los 6.82 del anterior líder, Canyon Deflectr, una diferencia aproximada del 32 por ciento entre ambas puntuaciones.
La cifra representa una mejora notable dentro de ese procedimiento experimental, pero no significa que el nuevo casco reduzca exactamente 32 por ciento todas las lesiones reales.
Tampoco garantiza protección absoluta: incluso los modelos mejor evaluados pueden enfrentar impactos que superen sus capacidades, dependiendo de las circunstancias particulares de cada accidente.
Ochenta piezas para proteger una sola cabeza
La tecnología tiene una consecuencia económica importante, porque fabricar un casco con numerosos componentes independientes resulta más complejo que producir una estructura convencional de espuma.
Según la información publicada por WIRED, un casco habitual puede integrar entre ocho y diez componentes, mientras el Pikio Si reúne aproximadamente ochenta piezas diferentes.
Su precio anunciado es de 379 dólares estadounidenses, una cantidad que lo coloca entre los modelos costosos del mercado y limita su atractivo para numerosos ciclistas.
La versión mediana pesa aproximadamente 279 gramos y dispone de diecisiete aberturas de ventilación, características pensadas para combinar protección con comodidad durante los recorridos.
El fabricante también ofrece condiciones especiales de reemplazo después de impactos importantes, porque un casco dañado puede perder capacidad protectora aunque conserve una apariencia relativamente normal.
El mejor laboratorio todavía no es la calle
El resultado de Virginia Tech constituye una referencia importante para comparar diseños, pero ningún ensayo puede reproducir todas las circunstancias posibles de una caída real.
La velocidad, el tipo de superficie, el ajuste del casco y la manera en que ocurre el impacto pueden modificar considerablemente las consecuencias de un accidente.
Por eso elegir protección adecuada también implica comprobar certificaciones aplicables, utilizar correctamente las correas y sustituir cualquier casco que haya sufrido un impacto importante.
El reconocimiento de laboratorio tampoco demuestra por sí solo que este modelo sea superior en absolutamente todas las situaciones o para cualquier usuario y modalidad ciclista.
Lo que sí establece es una nueva referencia experimental que otros fabricantes podrán intentar superar mediante materiales, estructuras y soluciones distintas durante los próximos años.
La naturaleza todavía tiene cosas que enseñarnos
El diseño inspirado en organismos vivos tiene una larga historia, desde estructuras arquitectónicas hasta materiales que reproducen propiedades observadas en plantas, insectos y otros animales.
En este caso, la idea surgió de un comportamiento aparentemente disparatado: un ave que utiliza su cabeza para perforar madera sin contar con un casco comercial.
La solución tecnológica no consiste en copiar literalmente su anatomía, sino en estudiar principios relacionados con impactos y trasladar algunas ideas hacia un diseño artificial.
Pikio todavía tendrá que demostrar que puede conquistar compradores y mantener sus resultados conforme aparezcan nuevas evaluaciones, competidores y experiencias de uso cotidiano.
Pero su primera gran victoria ya ocurrió en el laboratorio, donde un casco inspirado en un pájaro carpintero consiguió superar a todos los modelos evaluados anteriormente.
La próxima vez que escuchemos picotear un árbol, quizá convenga recordar que ese pequeño martillo emplumado también puede inspirar nuevas maneras de proteger una cabeza humana.
