Modelo Jamaica de carga de BambooCycles
Cajas, herramientas, mercancía, flores, paquetes y hasta pasajeros están encontrando sitio sobre bicicletas diseñadas en México. Algunas pueden mover cargas que antes parecían asunto exclusivo de una camioneta.
Durante décadas una bicicleta tenía una división del trabajo bastante clara: arriba viajaba una persona, atrás quizá una mochila y adelante una canastilla con aspiraciones moderadas.
Después alguien decidió preguntarle cuánto podía cargar realmente y comenzaron a aparecer cuadros alargados, plataformas enormes, cajas delanteras, tres ruedas, remolques y motores eléctricos de asistencia.
En México ya existen fabricantes dedicados precisamente a esa criatura: bicicletas construidas para transportar mercancía, herramientas, paquetes, comida, niños y prácticamente cualquier cosa razonablemente sujetable.
Algunas todavía parecen bicicletas convencionales estiradas por accidente; otras poseen tanto espacio para carga que estacionarlas junto a una camioneta comienza a provocar comparaciones bastante incómodas.
La bicicleta descubrió que tenía cajuela
Rytmo Cycles diseña y fabrica artesanalmente en México bicicletas destinadas a transportar personas, mercancía y herramientas, cortando, soldando, preparando, pintando y ensamblando aquí cada unidad.
Bamboo Cycles tomó otro camino interesante: bautizó modelos de carga como Merced y Jamaica, nombres provenientes de mercados capitalinos donde mover mercancías constituye prácticamente una disciplina urbana.
La Merced puede configurarse con dos o tres ruedas y diferentes anchuras de caja, convirtiendo la parte delantera en un espacio donde normalmente esperaríamos encontrar solamente otra rueda.
Jamaica utiliza una plataforma frontal pensada para objetos voluminosos y puede incorporar asistencia eléctrica, una combinación especialmente útil cuando mercancía, pendientes y distancia comienzan a discutir con nuestras piernas.
No estamos hablando únicamente de bicicletas recreativas con una canasta grande. Son vehículos concebidos desde el cuadro para trabajar mientras continúan ocupando muchísimo menos espacio que una camioneta.
Trescientos kilos ya parecen una mudanza
Bikla Cargo, división mexicana creada en 2022 por Electrofren México, desarrolla bicicletas electroasistidas y remolques especializados para reparto urbano y transporte de mercancías en diferentes aplicaciones.
La empresa declara configuraciones capaces de mover conjuntamente hasta 300 kilogramos, cifra suficiente para que la palabra bicicleta empiece a necesitar explicaciones cuando observamos aquello que lleva detrás.
Trescientos kilogramos pueden convertirse en cajas, herramientas, mercancía o paquetes; la capacidad exacta depende naturalmente de cada configuración, remolque, distribución del peso y condiciones de operación.
El punto interesante no consiste en demostrar que una bicicleta puede sustituir cualquier camioneta, porque evidentemente existen cargas, distancias y operaciones donde semejante comparación resultaría absurda.
La pregunta verdaderamente divertida aparece mucho antes: cuántos viajes urbanos realizados actualmente con vehículos grandes podrían resolverse utilizando algo considerablemente más pequeño, ligero y sencillo de estacionar.
Entonces apareció el motor
Una bicicleta cargada conserva un pequeño inconveniente mecánico: alguien debe moverla. La asistencia eléctrica cambia considerablemente esa conversación cuando el peso comienza a crecer sobre el vehículo.
El motor no convierte necesariamente la bicicleta en motocicleta; en los sistemas de pedaleo asistido complementa el esfuerzo humano y vuelve más manejables arranques, pendientes y trayectos cargados.
Fabricantes mexicanos ofrecen precisamente esa posibilidad. Rytmo dispone de asistencia eléctrica para sus bicicletas cargo y Bamboo Cycles permite incorporar motores en determinados modelos destinados al transporte urbano.
Bikla ha desarrollado directamente bicicletas electroasistidas y remolques, mientras otros talleres mexicanos comercializan configuraciones eléctricas destinadas a reparto, mensajería y actividades comerciales de última milla.
Así aparece una máquina bastante peculiar: suficientemente pequeña para continuar perteneciendo al universo ciclista, pero capaz de realizar trabajos que tradicionalmente asociamos con vehículos motorizados considerablemente mayores.
La ciudad también empieza a caber diferente
Una camioneta necesita espacio para circular, estacionarse y realizar maniobras incluso cuando transporta únicamente unas cuantas cajas; una bicicleta de carga parte de proporciones radicalmente distintas.
Eso explica su interés para la llamada última milla, ese tramo final donde mercancías abandonan centros de distribución y deben llegar individualmente hasta negocios, oficinas, restaurantes o domicilios.
Bikla reporta desarrollos relacionados con mensajería y última milla, además de proyectos con empresas logísticas para explorar bicicletas electroasistidas destinadas precisamente a determinadas operaciones urbanas de reparto.
La bicicleta cargo tampoco pertenece exclusivamente al comercio. Las cajas delanteras y plataformas pueden configurarse para transportar niños, herramientas, equipaje o compras dependiendo del diseño y accesorios utilizados.
Y ahí ocurre probablemente su transformación más interesante: dejamos de pensar en bicicleta únicamente como transporte personal y comenzamos a verla como una pequeña plataforma logística impulsada sobre ruedas.
La camioneta todavía puede dormir tranquila
Nada de esto significa que mañana desaparecerán vehículos comerciales, motocicletas o camionetas. Una bicicleta posee límites evidentes de volumen, carga, autonomía, velocidad, seguridad y distancia operativa.
Pero tampoco necesita sustituirlos completamente para resultar interesante. Basta encontrar aquellos recorridos donde actualmente utilizamos mucho vehículo para transportar relativamente poca cosa durante distancias urbanas manejables.
México posee además una vieja cultura de triciclos de carga, repartidores y comerciantes moviendo mercancías mediante pedales; la novedad está en actualizar aquella lógica mediante nuevos cuadros y asistencia eléctrica.
El resultado puede parecer futurista, aunque su principio sea extraordinariamente antiguo: utilizar ruedas, engranes y piernas para multiplicar nuestra capacidad de transportar cosas sin cargar nosotros directamente con ellas.
Solamente que ahora alguien añadió baterías, motores, plataformas, remolques y cajas capaces de convertir aquella bicicleta que llevaba una mochila en algo bastante más ambicioso.
Todavía no conviene pedirle que cambie el refrigerador, la sala y tres colchones de departamento.
Pero si seguimos agrandando la caja, quizá algún día tendremos que explicarle que aquello ya era una mudanza.
