Amandititita hija de Rockdrigo González se presentó en el Museo Rufino Tamayo
Rockdrigo González murió bajo los escombros del terremoto de 1985. Su hija Amanda tenía seis años. Este 19 de septiembre, convertida desde hace mucho en Amandititita, volvió a cantar en la Ciudad de México exactamente 41 años después de la muerte de su padre. Hay canciones que tardan una vida en regresar a casa.
A las 7:19 de la mañana la Ciudad de México recordó a sus muertos.
A las 16:30, una hija cantó para uno de ellos.
Este sábado 19 de septiembre, Amandititita se presentó en el patio central del Museo Tamayo dentro del programa público “Con todo y mi tristeza”.
La fecha podía haber sido cualquier otra.
No lo fue.
Exactamente 41 años antes, el 19 de septiembre de 1985, Rockdrigo González murió cuando el edificio donde vivía en la colonia Juárez se desplomó durante el terremoto.
Tenía 34 años.
Su hija Amanda tenía seis.
La niña creció; las canciones también
Hay algo extraño en sobrevivir a la edad de nuestros padres.
Amanda Escalante Pimentel tiene hoy 47 años.
Hace trece que cruzó la edad que Rockdrigo nunca pudo rebasar.
Y, sin embargo, el padre sigue envejeciendo de otra manera.
En canciones.
Rockdrigo dejó una obra pequeña en cantidad y gigantesca en persistencia. Cuando murió había publicado apenas un casete de manera independiente, Hurbanistorias, pero dejó canciones que terminaron caminando por la ciudad mucho después que él.
“Estación del Metro Balderas”.
“No tengo tiempo de cambiar mi vida”.
“Vieja ciudad de hierro”.
“Aventuras en el Distrito Federal”.
Historias de una capital contadas desde abajo, con guitarra, armónica, humor y esa capacidad que tienen algunos músicos para descubrir que una estación del Metro también puede ser literatura.
La hija no se convirtió en el padre
Y eso quizá sea lo mejor de esta historia.
Amandititita no construyó su carrera tratando de convertirse en una extensión de Rockdrigo.
Inventó su propio personaje.
Cambió la guitarra rupestre por cumbia, bases urbanas, humor, barrio, machismo, transporte público, clasismo y personajes de una ciudad que seguía siendo absurda, sólo que varias décadas después.
Ella terminó llamando anarcumbia a esa mezcla.
Rockdrigo cantaba a la Ciudad de México desde una guitarra.
Amandititita decidió bailarla.
Padre e hija terminaron contando lugares parecidos desde músicas completamente distintas.
Un museo para una canción familiar
La presentación de este sábado tampoco fue un concierto convencional.
El Museo Tamayo la programó como performance, dentro de “Con todo y mi tristeza”, y anunció una selección del repertorio de Amandititita acompañada por un DJ y dos bailarinas.
Antes de presentarse, ella había dejado una pista en sus redes sociales.
Dijo que preparaba el espectáculo con enorme ilusión, que cantaría por primera vez “un par de rolas” y adelantó algo todavía más intrigante:
“Pasarán cosas que solo pueden pasar en un museo”.
Había además una coincidencia imposible de ignorar.
Mientras afuera la ciudad pasaba otro 19 de septiembre hablando de terremotos, simulacros, alarmas y memoria, adentro una mujer estaba cantando exactamente en el aniversario de la muerte de su padre.
Sin monumento.
Sin minuto de silencio.
Cantando.
Rockdrigo todavía anda por la ciudad
No hace falta conocer toda su discografía para encontrárselo.
Su nombre permanece unido a Balderas.
Su música reaparece en homenajes, grabaciones y músicos que continúan reconociéndolo como una figura central del movimiento rupestre.
Pero quizá su monumento más extraño sea éste:
una hija que hizo exactamente lo contrario de vivir atrapada bajo la sombra artística de su padre.
Construyó una carrera propia.
Escribió libros.
Inventó canciones.
Se volvió Amandititita.
Y 41 años después regresó al 19 de septiembre llevando consigo aquello que los escombros no pudieron sepultar.
Una canción.
Rockdrigo murió a los 34.
Amanda tenía seis.
Hoy ella tiene 47.
Y por una hora, en el patio de un museo, volvieron a encontrarse en la misma ciudad y cada uno con sus propias canciones.
