El peso de las pensiones en el Presupuesto de Egresos del País empieza a encender las alarmas
México destinará 2.48 billones de pesos a pensiones en 2027: casi uno de cada cuatro pesos del gasto federal. Pero detrás de esa cifra conviven jubilaciones laborales, programas sociales, viejas promesas y una población que apenas comienza a envejecer. El problema no termina en cuánto cuesta hoy, sino en cuánto costará cuando el país sea mucho más viejo.
El primer día de 2027 México comienza, contablemente, otro año. Si imagináramos que todos sus ingresos presupuestarios entraran primero en una sola alcancía destinada exclusivamente a pensiones, habría que dejarla llenándose durante 99 días.
Enero entero. Febrero. Marzo. Y aproximadamente hasta el 9 de abril.
Es sólo una traducción de escala: Hacienda no recauda ni distribuye así el dinero. Pero ayuda a entender una cifra que, escrita completa, pierde significado: 2 billones 481 mil millones de pesos.
Eso propone gastar México en pensiones contributivas y no contributivas durante 2027. Equivale a 6.3% del PIB y aproximadamente 23% del gasto federal proyectado, según el análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria.
Dicho de otra manera: 27 de cada 100 pesos de ingresos presupuestarios esperados para 2027 equivalen al gasto pensionario del año.
México todavía es un país relativamente joven.
Su presupuesto ya no.
No son solamente las pensiones del Bienestar
La primera sorpresa aparece al abrir los 2.48 billones.
Alrededor de 1.84 billones, 74.2%, corresponden a pensiones contributivas: derechos generados principalmente por trabajadores afiliados a instituciones como IMSS e ISSSTE y por regímenes laborales específicos.
Otros 640 mil millones, 25.8%, corresponden a pensiones no contributivas, financiadas con recursos públicos sin exigir una trayectoria previa de cotización.
La distinción cambia la discusión.
Para 2027, el Centro de Investigación Ecónomica y Presupuestaria (CIEP) calcula que las pensiones contributivas aumentarán 4.7% real, impulsadas principalmente por IMSS e ISSSTE. Las no contributivas crecerían apenas 0.1%.
La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores tendrá 543 mil 498 millones de pesos, de acuerdo con Hacienda. Es uno de los programas presupuestarios más grandes del país.
Pero representa alrededor de una quinta parte de todo el gasto pensionario.
El presupuesto que envejece no puede explicarse únicamente por los programas creados o ampliados durante los últimos gobiernos. Buena parte viene de mucho más atrás.
México prometió muchas jubilaciones diferentes
Tampoco existe una sola pensión mexicana.
El CIEP calculó cuánto representa en promedio anual cada beneficiario dentro de distintos sistemas presupuestarios para 2027.
En CFE son 1 millón 175 mil pesos.
En Pemex, 616 mil.
En ISSSTE, 277 mil.
En IMSS, cerca de 170 mil.
La Pensión para Adultos Mayores representa aproximadamente 37 mil 560 pesos anuales por beneficiario.
Las cantidades no son directamente comparables como si fueran prestaciones equivalentes: unas provienen de derechos laborales y cotizaciones bajo determinados contratos y leyes; otras son transferencias no contributivas con objetivos distintos.
Precisamente por eso importan.
Una pensión promedio presupuestada de CFE equivale aritméticamente a más de 31 pensiones anuales para Adultos Mayores. No significa que un jubilado le quite recursos a 31 personas.
Significa que México construyó sistemas pensionarios extraordinariamente diferentes y ahora los paga dentro del mismo presupuesto.
El presupuesto envejece también con desigualdades heredadas.
Una factura escrita hace décadas
Parte del dinero de 2027 paga decisiones tomadas cuando muchos de los futuros contribuyentes ni siquiera habían nacido.
México reformó el sistema del IMSS en 1997 y el del ISSSTE en 2007 para sustituir gradualmente esquemas de beneficio definido por cuentas individuales.
Pero reformar una pensión no borra las anteriores.
Los trabajadores que conservaron derechos bajo las reglas previas continuaron avanzando hacia la jubilación. Mientras las nuevas generaciones comenzaron a ahorrar bajo otro modelo, el Estado mantuvo obligaciones con las generaciones anteriores.
Eso creó una transición que dura décadas.
El propio IMSS ofrece una ventana hacia el futuro. En su Informe al Ejecutivo Federal y al Congreso 2024-2025 proyectó hasta 2105 las obligaciones de su Régimen de Jubilaciones y Pensiones como patrón.
Su cálculo coloca el máximo del gasto total de ese régimen en 2036.
Es decir, al menos una parte importante de la montaña pensionaria todavía está subiendo.
Y no todas las montañas alcanzarán la cima al mismo tiempo.
Los antiguos regímenes contributivos eventualmente perderán beneficiarios. Mientras eso ocurre, otra fuerza empuja en sentido contrario: habrá cada vez más mexicanos mayores.
El país joven que se hará viejo rápidamente
La OCDE cuenta 14 personas de 65 años o más por cada 100 mexicanos de entre 20 y 64 años en 2024.
Eso coloca todavía a México entre los países jóvenes de la organización.
Pero para 2054 proyecta 31.4 adultos mayores por cada 100 personas de 20 a 64 años.
En 2084 serán 56.
Hoy la relación demográfica equivale aproximadamente a siete personas en edad laboral por cada persona mayor de 65 años. Dentro de tres décadas serán poco más de tres. Hacia 2084, menos de dos.
Eso no significa que siete trabajadores depositen hoy la pensión de un jubilado, ni que dos deban hacerlo en el futuro. México tiene cuentas individuales, impuestos, cotizaciones, fondos, transferencias y regímenes diferentes.
La proporción sirve para observar algo más profundo: la base demográfica sobre la cual se financian pensiones, salud, cuidados y otros gastos asociados al envejecimiento está cambiando rápidamente.
México tiene, por tanto, dos relojes pensionarios funcionando simultáneamente.
Uno cuenta hacia atrás: las obligaciones de sistemas antiguos que algún día comenzarán a desaparecer.
El otro cuenta hacia adelante: millones de personas que llegarán a edades avanzadas durante las próximas décadas.
El calendario fiscal
El Paquete Económico 2027 espera obtener 9 billones 156 mil 529 millones de pesos de ingresos presupuestarios, antes de financiamiento. El gasto neto pagado propuesto asciende a aproximadamente 10 billones 515 mil millones.
Ahí nace nuestro calendario.
Dividir los 2.481 billones pensionarios entre los ingresos esperados y trasladar el resultado a 365 días produce 98.9 días.
Casi cien.
No es una afirmación sobre cuándo entra el dinero a la Tesorería ni cuándo sale una pensión. Es una unidad de medida para comprender cuánto espacio ocupa el compromiso.
La comparación se vuelve más importante porque el Estado no planea financiar todo su gasto de 2027 exclusivamente con sus ingresos presupuestarios.
La diferencia entre éstos y el gasto neto pagado ronda 1.36 billones de pesos. El gasto pensionario equivale a aproximadamente 1.8 veces esa cantidad.
Eso tampoco permite afirmar que las pensiones causan el déficit. Sería falso: el presupuesto contiene miles de gastos y múltiples fuentes de financiamiento.
Permite afirmar algo distinto: las pensiones son una de las grandes obligaciones dentro de unas finanzas públicas que ya gastan más de lo que obtienen por ingresos presupuestarios.
Hacienda apuesta a fortalecer la otra parte de la ecuación. Para 2027 proyecta ingresos tributarios equivalentes a 15.9% del PIB, que presenta como un máximo histórico.
La pregunta es si esa capacidad fiscal crecerá tan rápido como las obligaciones.

El presupuesto perdió grados de libertad
Una carretera puede posponerse.
Un edificio público puede no construirse.
Un programa puede modificarse.
Buena parte de las pensiones contributivas no funciona así. Son obligaciones derivadas de leyes, contratos y derechos previamente adquiridos.
Por eso decir que el presupuesto “envejeció” no significa decir que gastar en personas mayores sea un error.
Significa que una parte creciente del dinero público llega al Congreso con su historia ya escrita.
El fenómeno tampoco terminará simplemente cuando desaparezcan los antiguos regímenes. México decidió además construir un piso no contributivo para la vejez, mientras la reforma pensionaria de 2024 modificó nuevamente las condiciones para determinados trabajadores.
La OCDE reconoce que las nuevas reglas pueden elevar sustancialmente las pensiones de trabajadores elegibles, pero advierte que el financiamiento de estas nuevas reglas pensionarias es incierto.
Es una frase pequeña para un problema enorme.
La vejez que todavía no llega
México puede discutir cada año si destina más dinero a trenes, carreteras, universidades, hospitales, seguridad, ciencia o agua.
Pero las pensiones pertenecen a otra categoría del presupuesto: en buena medida son compromisos que el presente heredó del pasado.
Y cada generación deja los suyos.
Por eso 2027 no cuenta solamente cuánto cuesta mantener a los pensionados actuales. Cuenta cuánto espacio fiscal han acumulado décadas de decisiones laborales, reformas, derechos adquiridos y nuevas políticas sociales.
Los 2.48 billones son la fotografía.
La película continúa.
Durante la próxima década seguirán madurando obligaciones de antiguos regímenes. Después, México tendrá una población considerablemente más vieja. En 2054 la relación entre mayores de 65 años y población de 20 a 64 será más del doble de la actual.
El problema de una sociedad que envejece no es que tenga que pagar pensiones.
Es averiguar si construyó, mientras todavía era joven, el Estado capaz de pagarlas.
