México logró aumentar este 2026 la producción de Diesel
Sheinbaum sostiene que el país ya puede producir el combustible que necesita. Las cifras de Pemex muestran una recuperación extraordinaria de las refinerías pero también compras externas que algunos meses todavía superan los 100 mil barriles diarios.
Donald Trump dijo esta semana que Estados Unidos debería dejar de enviar diésel al extranjero. Bastaron esas palabras para que México tuviera que mirar nuevamente sus propias refinerías.
La amenaza todavía no se ha convertido en una decisión.
La Casa Blanca negó que prepare una prohibición de exportaciones durante 90 días y el secretario estadounidense de Energía busca primero acuerdos voluntarios con las refinadoras.
Pero la posibilidad puso sobre la mesa una pregunta que México lleva años intentando responder: cuánto diésel puede producir realmente sin depender de su vecino.
La respuesta ha cambiado considerablemente durante 2026.
Las refinerías mexicanas produjeron en julio 289 mil 433 barriles diarios de diésel, de acuerdo con la base institucional de Petróleos Mexicanos.
Un año antes la capacidad efectiva era mucho menor. Pemex informó que solamente durante el primer trimestre de 2026 la producción de diésel aumentó 69.9 por ciento frente al mismo periodo de 2025.
Dos instalaciones explican buena parte del salto.
La refinería Olmeca de Dos Bocas comenzó a aportar volúmenes mayores mientras Tula aumentó su procesamiento después de poner en operación su nueva planta coquizadora.
El resultado ha permitido al Gobierno hablar de algo que durante años parecía lejano.
Claudia Sheinbaum afirmó esta semana que México ya es autosuficiente en la producción de diésel y sostuvo que Dos Bocas resulta fundamental para enfrentar cualquier problema internacional de abastecimiento.
Los registros de Pemex muestran una fotografía un poco más compleja.
México continúa importando diésel.
En enero compró en el extranjero 47 mil 205 barriles diarios. En marzo fueron 52 mil 596. Para mayo la cifra había escalado hasta 130 mil 821.
En junio permaneció por encima de 120 mil barriles diarios y durante julio descendió hasta 90 mil 495.
Eso no demuestra por sí mismo que México sea incapaz de cubrir su consumo con producción nacional.
Producción, importaciones y consumo no son cantidades intercambiables. Existen inventarios, exportaciones, diferencias regionales, contratos comerciales y movimientos entre instalaciones que modifican el balance.
También está Deer Park.
La refinería de Pemex en Texas puede producir combustibles para la empresa mexicana, pero cualquier producto que cruce desde Estados Unidos sigue siendo una importación desde el punto de vista territorial.
La propia Presidenta reconoció esa particularidad al explicar que México puede importar desde Deer Park debido a la facilidad geográfica aunque tenga capacidad para producir el combustible.
Eso explica una aparente contradicción.
Un país puede contar con capacidad productiva suficiente para aproximarse a su demanda nacional y, al mismo tiempo, seguir importando porque transportar combustible desde Texas puede resultar más práctico que moverlo desde otra región mexicana.
El problema aparece cuando la importación deja de ser una decisión comercial y se convierte en una imposibilidad.
Si Washington restringiera sus exportaciones, México tendría que sustituir rápidamente los barriles estadounidenses utilizando mayor producción nacional, inventarios o proveedores de otros países.
Y no hablamos de un combustible marginal.
El diésel mueve buena parte del transporte de carga, maquinaria agrícola, autobuses y actividades industriales. Una alteración prolongada terminaría recorriendo cadenas enteras de distribución.
Por ahora ese escenario sigue siendo hipotético.
Trump pidió estudiar restricciones, pero su propio secretario de Energía ha advertido que una prohibición absoluta puede alterar las refinerías estadounidenses y terminar encareciendo otros combustibles.
La verdadera noticia mexicana está unos kilómetros más al sur.
Hace pocos años una interrupción estadounidense habría encontrado un sistema de refinación nacional mucho más débil. Hoy México produce bastante más diésel que entonces.
Pero los barcos, ductos y trenes siguen trayendo decenas de miles de barriles desde el exterior.
México está mucho más cerca de poder cerrar esa llave.
Todavía falta comprobar qué ocurre el día que alguien realmente intente hacerlo.
