En una década la población que usa internet en México se duplicó y los usuario de computadora permanecieron en el mismo porcentaje
Internet llegó a casi ocho de cada diez hogares mientras la computadora permanece debajo de la mitad. En una década dejó de ser la puerta indispensable hacia la vida digital.
Hubo un tiempo bastante reciente cuando entrar a internet significaba sentarse frente a una computadora, esperar que cargara y comenzar desde allí prácticamente cualquier actividad digital.
Esa asociación se rompió silenciosamente. México tiene hoy mucho más internet que computadoras y la distancia entre ambos creció hasta convertirse en una transformación tecnológica profunda.
En 2015, 39.1 por ciento de los hogares tenía internet y 44.9 por ciento disponía de computadora. Ambas tecnologías ocupaban prácticamente el mismo territorio doméstico.
Diez años después, internet está presente en 78.3 por ciento de los hogares mexicanos, mientras la computadora permanece prácticamente inmóvil, disponible solamente en 44.7 por ciento.
La comparación contiene una pequeña revolución: México prácticamente duplicó la proporción de hogares conectados sin aumentar la proporción de hogares que cuentan con una computadora.
No significa que las computadoras estén desapareciendo de las casas. Significa algo diferente: dejaron de ser necesarias para entrar a buena parte del mundo digital.
La computadora perdió 43.5 puntos
La pérdida de territorio aparece todavía más claramente cuando dejamos de contar aparatos disponibles y observamos mediante cuáles dispositivos entran los mexicanos a internet actualmente.
Entre los internautas mexicanos, 97.3 por ciento se conecta mediante smartphone, mientras solamente 36.2 por ciento utiliza una computadora como dispositivo para acceder a internet.
INEGI calculó que entre 2015 y 2025 el acceso a internet mediante computadora disminuyó 43.5 puntos porcentuales. Es difícil encontrar una señal más clara.
Durante el mismo periodo ocurrió exactamente lo contrario con internet: la proporción de usuarios pasó de 57.4 a 86.1 por ciento entre la población considerada.
México se volvió muchísimo más digital mientras la máquina que durante décadas simbolizó precisamente la digitalización comenzó a ocupar una porción cada vez menor de ella.
La computadora no perdió necesariamente utilidad. Perdió algo quizá más importante para cualquier tecnología de consumo: dejó de ser indispensable para hacer muchas cosas cotidianas.
El teléfono se quedó con buena parte de su trabajo
Pensemos en aquello para lo que utilizábamos una computadora doméstica hace quince o veinte años: correo electrónico, fotografías, música, mapas, noticias, compras, mensajes y videollamadas.
El teléfono absorbió progresivamente casi todas esas actividades y añadió una ventaja imposible para aquella computadora familiar: podemos llevarlas permanentemente dentro de un bolsillo.
También llegaron banca móvil, transporte solicitado desde aplicaciones, códigos de acceso, pagos, trámites, redes sociales y cámaras capaces de producir y editar fotografías y videos.
Cada función trasladada hacia el teléfono redujo una razón cotidiana para encender la computadora, aunque ésta continuara siendo considerablemente mejor para realizar determinadas tareas especializadas.
El resultado puede observarse en otra diferencia enorme: durante 2025, 84.6 por ciento de las personas utilizó celular, mientras 38.1 por ciento utilizó computadora o tableta.
No son grupos excluyentes. Millones utilizan ambos dispositivos. Pero sus dimensiones revelan cuál de las dos pantallas terminó convirtiéndose en acompañante cotidiano de la vida mexicana.
Hasta la televisión adelantó a la computadora
La sorpresa más extraña de esta transformación aparece en la sala. En 2025, la televisión inteligente también superó a la computadora como dispositivo para conectarse.
La mitad de los internautas mexicanos utilizó una Smart TV para acceder a internet, frente al 36.2 por ciento que lo hizo mediante computadora durante 2025.
En una década, el acceso mediante Smart TV ganó 44.6 puntos porcentuales, mientras la computadora perdió 43.5. Las variaciones casi parecen reflejarse en un espejo.
No significa que una tecnología haya sustituido directamente a la otra. La televisión y la computadora realizan funciones distintas y los datos no permiten establecer semejante causalidad.
Pero juntas permiten observar cómo internet abandonó la pantalla única. Una parte terminó dentro del bolsillo y otra regresó, curiosamente, a la pantalla más grande de casa.
En medio quedó la computadora: demasiado grande para acompañarnos permanentemente y, para ciertas actividades de entretenimiento, demasiado pequeña frente al televisor conectado del hogar.
La computadora también cambió de forma
Incluso dentro de los hogares que todavía disponen de computadora ocurrió otra transformación. La vieja máquina de escritorio comenzó a ceder frente a dispositivos portátiles.
En 2025, entre los hogares mexicanos equipados con computadora, 76.8 por ciento disponía de laptop, mientras solamente 25.8 por ciento conservaba una computadora de escritorio.
Una década antes, las computadoras de escritorio tenían una presencia considerablemente mayor entre los hogares equipados. La computadora sobrevivió parcialmente haciéndose más ligera y transportable.
La historia tecnológica mexicana puede observarse entonces como una sucesión de desplazamientos: primero del escritorio hacia la laptop y después de numerosas funciones cotidianas hacia el teléfono.
Nada de eso requiere declarar muerta ninguna tecnología. Las máquinas rara vez desaparecen exactamente cuando dejan de ocupar el centro de nuestras actividades cotidianas.
México se conectó sin llenar sus casas de computadoras
Éste quizá sea el dato más importante de toda la transformación. México nunca necesitó colocar computadoras en la mayoría de sus hogares para conectarlos masivamente.
Durante toda la serie 2015-2025, la proporción de hogares con computadora permaneció alrededor de 44 por ciento y nunca consiguió superar claramente la mitad.
Internet tomó otra ruta. Pasó de encontrarse en aproximadamente cuatro de cada diez hogares hasta alcanzar actualmente casi ocho de cada diez en solamente una década.
Eso significa que millones de hogares pudieron incorporarse plenamente a internet sin recorrer el camino tecnológico que durante años consideramos prácticamente obligatorio: comprar primero una computadora.
El teléfono permitió saltarse aquella etapa. Para millones de mexicanos, la primera relación cotidiana intensa con internet pudo desarrollarse directamente sobre una pantalla sostenida entre las manos.
Por eso sería equivocado contar esta historia únicamente como decadencia de la computadora. También estamos observando uno de los mecanismos que hicieron posible expandir extraordinariamente la conectividad mexicana.
Estar conectado dejó de significar usar computadora
Durante décadas utilizamos expresiones como clase de computación, centro de cómputo y alfabetización computacional porque aprender computadora equivalía prácticamente a aprender el mundo digital.
Esa equivalencia perdió sentido. Actualmente alguien puede comprar, vender, pagar, conversar, trabajar, estudiar, entretenerse y utilizar inteligencia artificial sin sentarse regularmente frente a una computadora.
Una persona puede ser intensamente digital y dominar numerosas aplicaciones sin tener demasiada experiencia trabajando con archivos, directorios, hojas de cálculo o programas tradicionales de escritorio.
Eso no significa necesariamente menor capacidad tecnológica. Significa que ser competente digitalmente comenzó a describir habilidades diferentes de aquellas que asociábamos originalmente con saber computación.
Y aquí aparece una consecuencia importante: dos personas pueden figurar estadísticamente como usuarias de internet mientras disponen de herramientas digitales considerablemente distintas para estudiar o trabajar.
Entonces para qué sigue haciendo falta
La computadora conserva un territorio importante precisamente donde el teléfono encuentra sus límites físicos: teclado completo, pantalla grande, precisión, múltiples ventanas y manejo simultáneo de información.
Procesar textos extensos, trabajar hojas de cálculo complejas, programar, administrar grandes cantidades de archivos, diseñar o utilizar determinado software profesional sigue favoreciendo frecuentemente ese entorno.
La ENDUTIH todavía pregunta por habilidades como crear documentos, elaborar presentaciones, utilizar hojas de cálculo, manejar archivos, trabajar bases de datos y programar mediante lenguajes especializados.
No todas esas actividades son imposibles desde un teléfono. Muchas pueden realizarse técnicamente, pero fueron concebidas alrededor de interfaces y herramientas que todavía pertenecen principalmente al universo computacional.
Ahí puede encontrarse la frontera que explique por qué la computadora pierde territorio sin desaparecer: dejó las actividades cotidianas, pero conserva muchas de las actividades digitales complejas.
La siguiente brecha digital puede estar dentro de internet
Durante años, la brecha digital mexicana podía formularse mediante una pregunta sencilla: quién tenía internet y quién permanecía completamente fuera de la conexión.
Esa desigualdad continúa existiendo, especialmente entre territorios y grupos sociales, pero una conectividad de 86.1 por ciento obliga también a formular preguntas mucho más específicas.
Ya no basta saber quién entra. Importa conocer mediante qué dispositivo entra, qué herramientas tiene disponibles y qué habilidades puede desplegar una vez conectado.
Dos estudiantes con internet pueden parecer iguales dentro de una estadística. Pero sus posibilidades cambian si uno dispone únicamente de teléfono y otro además tiene computadora.
Eso no convierte automáticamente al segundo en mejor estudiante ni demuestra una desventaja educativa del primero. Establece simplemente que sus herramientas disponibles no son equivalentes.
La expansión del smartphone resolvió una parte enorme del problema de acceso. Ahora permite observar con mayor claridad otras diferencias que permanecían escondidas detrás de la desconexión absoluta.
Una computadora que funciona perfectamente puede volverse innecesaria
Tal vez la mejor manera de entender esta transformación sea imaginar una computadora doméstica que todavía funciona. No está obsoleta, averiada ni esperando terminar entre residuos electrónicos.
Simplemente alrededor suyo fueron desapareciendo razones para encenderla. El correo llegó al teléfono, las fotografías también, después llegaron música, mapas, compras, banca y videollamadas.
El entretenimiento encontró además otra pantalla. La televisión se conectó directamente a internet y dejó de necesitar que una computadora intermediara entre la red y la sala.
La computadora quedó entonces reservada para aquellos momentos cuando necesitamos precisamente aquello que el teléfono intenta evitar: sentarnos, concentrarnos, abrir varias cosas y trabajar durante horas.
Quizá por eso su permanencia doméstica resulta tan interesante. Aunque perdió buena parte de su centralidad digital, aproximadamente 45 por ciento de los hogares continúa teniendo alguna.
No estamos contemplando la desaparición de una máquina. Estamos viendo cómo una tecnología que alguna vez sirvió para casi todo comienza a especializarse nuevamente.
La computadora dejó de significar internet
Hace diez años, aproximadamente ocho de cada diez internautas mexicanos todavía utilizaban computadora para conectarse. Hoy esa proporción está alrededor de tres de cada diez.
Mientras eso ocurría, México añadió millones de internautas, llevó conexión a casi ocho de cada diez hogares y convirtió al smartphone en la puerta prácticamente universal.
La computadora permaneció físicamente en una proporción semejante de casas, pero alrededor suyo internet siguió creciendo hasta ocupar lugares donde aquella máquina dejó de ser necesaria.
Eso explica la aparente contradicción: México puede tener cada vez más internet sin tener proporcionalmente más computadoras, porque ambas tecnologías dejaron de avanzar juntas.
Durante décadas preguntamos quién sabía utilizar una computadora para saber quién podía desenvolverse digitalmente. Esa pregunta ya no alcanza para describir nuestra relación con la tecnología.
Ahora tendremos que aprender a distinguir entre saber usar internet, dominar un teléfono, manejar una computadora y disponer de herramientas suficientes para determinada tarea digital.
La computadora probablemente permanecerá mucho tiempo entre nosotros. Todavía conserva trabajos para los cuales resulta difícil encontrar una herramienta más cómoda, precisa o poderosa.
Pero perdió algo que alguna vez pareció inseparable de su existencia: ser la puerta de entrada a internet. México siguió entrando. La computadora se quedó atrás.

